17 de junio

Nos despertamos temprano para recibir a los 6 nuevos janijim del grupo, soldados del ejercito israelí. La bienvenida fue agradable donde conocimos a David, Gabriel, Yaniv, Orly, Dana y Zehavit. Luego nos preparamos para ir a conocer la Ciudad Vieja. Entramos por un arco al barrio judio, y fue como un viaje en el tiempo al pasado. Todas las construcciones de piedra (luego aprenderíamos que está restaurado, casi nada es original), calles pequeñas, escaleras de piedra con algunos refuerzos como barandas de metal. ¡Se notaban muchos cables desprolijos! Nos cuenta Igal sobre la historia de las sucesivas conquistas y sucesiones que hubieron en Jerusalem. Caminamos por una calle que en una época fue la principal de la ciudad, donde operaba el mercado y donde una ilustración de artistas franceses recreaban la escena. Paramos en una terraza donde se llegaba a apreciar gran parte de la ciudad vieja. La mezquita, iglesias, edificios de piedra, techos, cerros al fondo.
Seguimos caminando por los pequeños pasadisos hasta que nos piden que formemos dos hileras y nos vendemos los ojos. Nos llevan caminando unos metros en grupo y luego posicionandonos por separado. La madrijá lee un texto ("Soy una piedra del Kotel", el texto completo abaajo) y nos pide que nos desvendemos los ojos. El puesto era un mirador directo hacia el Kotel. Ya medio conmovidos por el texto, la mayoría empezamos a lagrimear y nos quedamos atónitos, asombrados. Lentamente vamos cayendo en conciencia, todavía conmovidos nos vamos reacomodando. Muchos empiezan a abrazar a quien tiene más próximo.
Seguimos rumbo a la esquina derecha del Muro, donde pasamos por una especie de museo donde vemos las "reformas" que fue sufriendo el Muro con el pasar del tiempo. Bajamos hacia el costado y vemos las excavaciones que se hicieron, con varios metros bajo el nivel de la calle a través de unas plataformas. Se veían las piedras que cayeron de la cima del muro al ser destruido, en el lugar donde fueron encontradas. Luego de dar unas vueltas pasamos por la entrada y la seguridad correspondiente, estamos en el sector del Muro. Las mujeres se cubren, los hombres se ponen a la kipá, y nos separamos hacia el Muro.
No era extraño, pero sí reconfortante ver a cada uno reaccionar frente al Kotel. Algunos se ponían el talit y los tefilim, otros lloraban abrazados al muro, otros miraban atónitos.
Nos sacamos foto grupal, con el Kotel de fondo, y nos dirigimos hacia el mercado judío (Shuck) de Jerusalem, en Mahané Yehuda.
El mercado parecía un hormiguero de personas, donde a los pocos minutos cualquier grupo se desintegraba.
Guia:
En pocas horas hasta que entra Shabat, en Jerusalem se nota mucho el cambio de la ciudad. Hay barrios que se cierran completamente. La gente se empieza a preparar para Shabat.

Volvimos al hotel. Joni anuncia que no vamos al Kotel a recibir el Shabat. El grupo presenta resistencia. Momento felizmente tenso. Terminamos acordando en no ir al Kotel hoy a recibirlo, sino mañana a despedirlo, después de una charla de Lei conciliadora. Nos quedamos descansando un rato largo (~2h) y vamos a recibir juntos el Shabat.
Luego de una leve desorganización sobre le punto de encuentro, empezamos la ceremonia de Shabat con Alan encendiendo las velas tradicionales en el hall del hotel. Luego, bajamos a la sala de encuentro donde nos separamos hombres y mujeres (!) y recibimos el shabat con una ceremonia corta pero tradicional. Se destacó el momento en que se bailaba en círculo general (hombres afuera, mujeres adentro) con canciones varias.
Después del Kabalat Shabat subimos al comedor, donde hicimos las bendiciones correspondientes y cenamos. Al finalizar, nos encontramos de vuelta en la misma sala para hacer una actividad basada en Shabat, a través de discutir textos sobre el significado, la importancia y las normas del Shabat. Luego de una discusión general, Alan se retira y el grupo se queda debatiendo. Muchas críticas hacia el tema organizativo, actividades, y convivencia en general vuelan de lado a lado. Sin de ninguna manera criticar a los madrijim en sí, ya que no eran las fuentes de las críticas, se tuvo una (nuevamente) poco fructífera discusión al respecto. Quedamos invitados individualmente a pasar una lectura de la Torá mañana a la mañana en una sinagoga.

Soy una piedra del Kotel
Soy una piedra del Kotel, muro de la esperanza del pueblo judío. Soy una piedra muy antigua. Hace 2800 años pude ver de cerca la grandeza del Rey Salomón y la emoción inigualable cuando todo el pueblo judío, desde Dan hasta Beer Sheba, vinieron a inaugurar el Templo Sagrado, como un abrazo entre el hombre y D'os. Vi muchos eventos en mi vida. He escuchado gritos de socorro y de alegría.

Unos de mis primeros recuerdos es aquel anciano judío que venía cada día a darme forma, para que pueda ser parte del Bet Hamikdash, nuestro Sagrado Templo. Lo escuché murmurar: "D'os, yo sé que Tú no necesitas de este Templo, ni tampoco de mi roca, porque Tú eres infinito y ninguna construcción puede contenerte; pero esta es mi forma de expresarte mi gratitud y rendirte tributo y honor".

Año 420 AEC. Soy una piedra del Kotel, un trágico 9 de Av. Vi la caída del reino de Iehudá. El interior del Templo arde en llamas. Con dolor y lágrimas, el pueblo fue desterrado, y llevado a Babilonia. El hambre y la peste habían diezmado a mi pueblo. Como una madre extiendo mis brazos hacia mis hijos que se aferran a mí, pero el brutal enemigo los arranca de mi regazo.

Año 490 AEC. La alegría me invade, mis hijos regresan! Aunque todo es ruina humeante y maloliente, hombres, mujeres y niños se abocan a reconstruir, con la espada en una mano, para defenderse día y noche y la pala en la otra para construir la Gloria del Gran Templo.

Año 70, soy una piedra del Kotel, vi la caída del retoño judío, por el odio que impera entre ellos. Mientras ellos se pelean, otro trágico 9 de Av, los romanos conquistan Yerushalaim y queman el Templo, mientras mis hijos son dispersados por todos los confines, algunos como esclavos, otros para las arenas del circo romano, otros degollados junto a sus niños... me mantengo en pie por milagro, mas internamente me revuelco en dolor y tristeza, cual madre privada de sus hijos...

Año 1948, Soy una piedra del Kotel. Mi cuerpo fue sacudido por el grito: Viva el estado de Israel!, se escuchaba tan cerca... Pero mi corazón estaba aun triste, pues aun continuaba prisionera en manos árabes que no permitían a mi pueblo llegar hasta mí, desde lejos escuchaba sus suspiros y plegarias... mas sus manos no podían abrazarme aun...

Año 1967, Soy una piedra del Kotel, un atardecer, brazos cansados de luchar me abrazaron, lágrimas de felicidad y emoción me cubrieron y voces de jóvenes soldados gritaban sin cesar: “Yerushalaim es nuestra! El Kotel está en nuestras manos nuevamente!”. Hace casi 2800 años que estoy en pie, ninguna guerra logró derribarme, pero en este momento, la emoción que me embarga, me hace temblar...

Año 2006, Soy una piedra del Kotel, te estoy mirando y me estremezco, has vuelto a mí, a tu casa, la habitación más intima del pueblo judío. Quizás te sientas un turista, pero comprende que este es tu hogar! Tú no eres un turista, eres uno de mis hijos! Para que tú estés hoy aquí, dos padres lucharon por mantener su judaísmo, 4 abuelos más 8 bisabuelos más 16 tatarabuelos, desafiaron la maldad que pretendía borrarlos, cientos de personas mantuvieron su compromiso judío durante siglos para que hoy tú y yo nos podamos reencontrar cara a cara, como una madre con su pequeño y amado hijo. ¿Qué puedo expresarte? La alegría y la emoción me embargan, entiende que tu judaísmo no es algo que has heredado, sino que es algo que tomaste prestado de tus hijos y que debes entregárselo también a ellos, para que el día de mañana cuando tus hijos estén frente a mí, tal como tú estás hoy, pueda yo, esta vieja piedra del Kotel, recibirlos y emocionarse al verlos frente a mí, retornando a su hogar, y que tus hijos sigan siendo parte de mis hijos. Ese es el compromiso que, como una madre, hoy yo pacto contigo...

No comments:

Post a Comment