19 de junio

Nos despertamos temprano, hicimos checkout y nos preparamos para ir al Museo del Holocausto. Llegamos al museo y fuimos al primer subsuelo, donde una sobreviviente nos dio una charla contando su experiencia. La señora era de Lituania, y al llegar los alemanes extramistas de derecha lituanos empezaron a atacar a los judíos de allí. Ella fue llevada a un guetto local, después transladada a Estonia y finalmente a Alemania. Experiencia chocante fue que cuente como una mujer parió en el campo y el oficial alemán que la descubrió le cortó el cordón y golpeó al bebé repetidas veces contra la pared, hasta que dejó de llorar. Cuando ella volvió a ver su casa, finalizado el Holocausto, encontró que había sido destruida, junto con todas las casas judías de la calle, buscando "el tesoro de los judíos" que debía estar escondido por allí. La despedimos con una ovación de píe.
Antes de entrar nos cuentan sobre el homenaje "justo entre justos" que se les da a las personas no judías que arriesgaron su vida intentando salvar un judío del Holocausto sin buscar un rédito personal a cambio. Y nos cuenta la historia de Irena, quien consiguió un permiso especial para entrar al guetto de Varsovia y que cada vez que se retiraba se llevaba a un niño fuera del campo en una bolsa de papas o similar, y para disimular cualquier sonido que pudiese hacer, llevaba a su perro que había sido entrenado para hacer ladrar cuando escuchase ruidos desde la bolsa.
Luego, fuimos al museo junto con una guía chilena que nos iba a acompñar durante todo el trayecto, contandonos sobre los distintos momentos y acciones que fueron sucediendose hasta terminar en una sala con todos los archivos de las personas que fallecieron, donde se veía el espacio para 2.000.000 de los que aún no se había podido recolectar información.
Pasamos más tarde por el museo de los niños, que en plena oscuridad brillan 4 velas que por un sistema de espejos parecen ser infinitas, en recordatorio de los jóvenes fallecidos y las generaciones que debían venir de ellos.
Terminado el museo, cruzamos por el camino de que lo conecta con el cementerio de los caídos sirviendo al ejercito de Israel, donde Igal explicó el vínculo que existe entre ambos y como se los relaciona.
Al finalizar este sendero, llegamos a una tumba, alrededor de la cual había un grupo de personas cantando. Nos sentamos a esperar que se vayan y al finalizar su rezo, se persignaron (!) y se iban. Entonces Igal empieza su charla y nos dice que esta es la tumba de Itzjak Rabín, asesinado en 1995. Cuando los cristianos escuchan que hablamos español nos cuentan que son vascos y que siempre van a rezar allí, en honor al gran hombre que fue Rabin. Igal contextualiza sobre Rabín, pero hace enfasís en que luego, cuando visitemos la plaza donde fue asesinado, entrará en más detalles. Toda la plazoleta está dedicada a la tumba de primeros ministros, presidentes y presidentes del Knesset.
Seguimos caminando por el cementerio, y al salir los soldados israelíes que nos acompañan junto con 3 personas del grupo, nos leen un extracto del texto que se lee cada día de conmemoración a los caídos en combate.
Ahora tenemos dos horas de micro hacia el asentamiento beduino, donde la gran mayoría duerme.
Apenas llegamos al asentamiento dejamos los bolsos y fuimos a viajar en camellos, algunos pocos en mula y alternaban luego, otros menos afortunados a píe. La subida y bajada del camello es como una mini montaña rusa.
Cenamos en grupos de a 4 en torno a un plato redondo grande con pequeños platos con verdura y humus, un poco de pita, y un plato central con arroz, pollo y carne.
Al terminar, fuimos a una carpa donde un representante de los beduinos nos contaba sus tradiciones, y su adaptación a la modernidad. Luego cerramos con música beduina, un instrumento de cuerdas y un moledor de café que hacía de percusión. Terminamos tocando canciones junto al beduino con Rocío en la guitarra y varios invidatos a moler café como instrumento y cantar.
De noche, los soldados israelíes nos prepararon una actividad sobre el reconocimiento del estado de Israel, dividido en tres secciones: Ejército, Música de Israel e Himno, y los ganadores podían acceder a premios que eran accesorios de vestimenta del ejército.

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